jueves, 22 de abril de 2010

Siguen las dudas en los mercados financieros sobre Grecia

Los mercados siguen nerviosos, y no tienen claro aun el riesgo griego. Cuando se conoció el paquete de ayuda de 50.000 millones de euros para financiar la deuda pública griega, el panorama empezó a aclararse, pero ahora saltan a la escena  nuevas cifras muy superiores para conseguir que el estado heleno no quiebre. En concreto 80.000 millones de euros. 
Es difícil cuantificar el importe total necesario para estabilizar las cuentas públicas del país, pero en realidad lo que el mercado desconfía es de la veracidad de los datos estadísticos que todo parece indicar han  sido maquillados sistemáticamente hasta llegar a una situación crítica como la actual. Este desconcierto ha hecho que los inversores  metan en la misma cesta la deuda de otros países como Portugal, Irlanda y España. Las diferencias son claras y abundantes, pero la principal es que mientras Grecia se encuentra con unos problemas económicos estructurales que requieren de grandes esfuerzos a realizar en un largo periodo de tiempo, los otros demás no necesitas de decisiones tan urgentes y contundentes para corregir los desequilibrios fiscales ocasionados por las ayudas públicas al sector financiero y a la economía productiva puestas en marcha para sortear lo que todo parecía indicar sería una gran depresión.
En conclusión, los mercados temen lo que desconocen, y por tanto las dudas sobre las medidas puestas en marcha para estabilizar los déficit público y  la deuda, colocan a países como España en un examen permanente y meticuloso de su economía. Probablemente los mercados están reaccionando de forma exagerada, pero al tratar de anticipar el escenario económico futuro, terminan desconfiando de la capacidad real de los gobiernos para tomar decisiones necesarias pero con coste social, perjudicial para sus intereses electorales, dudando de  las políticas puestas en marcha para hacer frente a un descenso tan brusco de las principales magnitudes de la economía española.

domingo, 31 de enero de 2010

La creación de valor para el accionista

La rentabilidad obtenida en la inversión en renta variable durante un periodo de tiempo tiene un componente relativo que no nos sirve para saber si estamos ante una buena inversión o no. Es por ello por lo que se usa la creación de valor para el accionista como indicador que supone un elemento de medida más objetivo del verdadero rendimiento que obtienen los accionistas de una empresa cotizada.
El concepto de creación de valor va unido al de rentabilidad esperada; esta última incorpora al rendimiento esperado una prima que compense la volatilidad y el riesgo en que se incurre. Por tanto, si la rentabilidad obtenida es mayor que la rentabilidad esperada se dice que se ha creado valor para el accionista, mientras que en el caso contrario se dirá que se ha destruido valor del accionista. El diario Expansión ha publicado un artículo interesante titulado "Las empresas realmente rentables para los accionistas" en el que se pone de manifiesto que empresas que aparentemente han sido rentables durante la última década, no lo han sido tanto como parece. Telefónica, por ejemplo, ha destruido más de 26.000 millones de euros de sus accionistas durante ese periodo. Así, mientras la rentabilidad esperada por parte del inversor en renta variable español era del 8%, la rentabilidad real obtenida ha sido del 3,52%.
Y es que el indicador que estamos comentando incorpora varios elementos, desde el aumento de la cotización de las acciones, los dividendos repartidos, la devolución de primas de emisión y reservas, hasta los desembolsos por las ampliaciones de capital. La tasa anual esperada por los inversores en bolsa ha sido del 8% como ya hemos indicado, pero esta cifra fluctúa en función de variables tales como los tipos de interés sin riesgo, y la aversión al riesgo de los inversores, que provoca que en épocas de optimismo se exija menos prima por las mismas inversiones. El estallido de la burbuja financiera es un subproducto de la escasa aversión al riesgo que hemos tenido durante mediados de la década anterior. Aunque estemos en momentos de tipos muy bajos, la prima se ha incrementado notablemente; eso junto al notable fondo de liquidez que existe en el sistema ha ayudado a que las cotizaciones estén al mismo nivel o en la antesala de los precios previo a la crisis del 2008. La corrección está en marcha, y probablemente lleve las cotizaciones a niveles más alineados con los fundamentales de la economía española.